Es raro pensar que las cosas suceden desde nuestro ser. Que todas esas cosas locas, emocionantes, reflexivas o, simplemente, artísticas, salen de nuestros más profundos pensamientos y emociones. ¿Será que estamos hechos para crear? ¿Ese será el motivo por el que los seres humanos artísticos hemos sido creados? Entonces, si esa es nuestra misión en este mundo, ¿por qué nos cuesta tanto crear?
Dicen que uno tiene que aburrirse para poder crear cosas increíbles. O simplemente, crear cosas. Pero muchas veces, aunque me aburra, me es imposible encontrar una inspiración para crear, para que esas cosas que pienso y siento simplemente se conviertan en palabras, frases o textos.
Es fácil pensar ideas. Eso muchas veces sale naturalmente; por lo menos, en mi mente sale sin drama. ¿Pero comunicarlo? Eso sí que es lo difícil.
No es tan simple como encender la computadora, abrir un nuevo archivo de texto y vomitar todo. Aunque muchas veces esa es la mejor forma de crear algo. Tal como en este momento. Solo abrí esta hoja en blanco y estoy escribiendo todo lo que pasa por mi cabeza, sin pensar o reflexionar lo que escribo.
Probablemente mañana lo lea y diga: sí que divagué. Pero capaz lo lea en unos días y me identifique con estas palabras que estoy soltando sin filtro alguno.
Muchas veces siento una presión de tener que escribir cosas que cambien el mundo. Textos que generen un revuelo mundial y hagan que todos los seres que habitan este planeta digan: “wow, qué increíble y renovador ha sido esto”.
Pero después pienso y digo: ¿para qué? Yo no quiero cambiar nada, solo quiero expresarme y sentirme libre escribiendo sobre lo que me gusta, lo que siento, lo que pienso y sobre todas esas boludeces que pasan por mi cabeza sin sentido alguno.
No quiero que alguien cambie por lo que escribo, solo quiero que lo disfruten, que lo sientan y lo recuerden. Tres simples verbos que me esfuerzo por cumplir. Pero, a su vez, los ignoro: eso sucederá o no. Si pasa, increíble. Y si no pasa, increíble también.
Qué miedo da eso que tenemos tan incorporado hoy en día: el contenido. Solo con decirlo siento las inseguridades que puede provocar.
Yo soy de esas a las que les gusta escribir, crear historias, sacar fotos, filmarlo todo, editar videos y fotos… en fin, crear contenido. Soy una gran consumidora de contenido, de todos los tipos. Tengo una gran debilidad por los podcasts, pero todos los tipos de contenido me atrapan.
Sinceramente, crearlo es lo que más me gusta. ¿Pero publicarlo? Solo pensarlo me daba pánico. Lo que es una pura mierda, porque lo único que me frena es el qué dirán. El qué pueden pensar de mí.
Un día, una gran amiga me dijo una frase que me hizo replantearme muchas cosas:
“Ahí afuera hay muchos idiotas que hacen lo mismo que vos, mil veces peor, pero ellos sí se animan a mostrarlo, y por eso, mientras ellos viven de eso, tú ves el contenido que suben.”
Duro y crudo, pero totalmente real.
A partir de ahí, me empecé a plantear por qué pasa eso. Por qué somos los primeros en consumir contenido, pero no nos animamos a mostrarlo. O peor aún: esa gente que critica y se ríe cuando ve a alguien creando contenido (lo que provoca que personas como yo generemos miedos e inseguridades), pero son los primeros en consumir el contenido que esa persona crea.
El ser humano es muy contradictorio y, en muchas ocasiones, cruel. Aunque también se podría decir envidioso. Porque como no se animan a hacer eso que otros sí se animan a hacer, lo critican y lo juzgan, pero en la oscuridad lo consumen.
En el último tiempo me he estado replanteando mucho este tema. De por qué tendría que tener miedo o inseguridades por el resto. Yo disfruto de hacerlo y sé que soy buena (cosa que me cuesta mucho admitir en voz alta).
La vida es una sola como para reprimirnos de eso que nos gusta tanto hacer. Hay que cagarse en la opinión del resto. Porque seguramente ese que te critica va a ser el primero en consumir tu contenido.
Así que la próxima vez que dude en subir ese contenido o en compartirlo, leeré este texto y me cagaré en el resto. Seguramente ellos consuman mi contenido.
Porque al final, crear es lo único que realmente nos pertenece.


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